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Ya decía Darwin allá por 1809 que no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta al medio o a los cambios que se producen en este. Pues bien, una de las herramientas o habilidades más importantes que podemos cultivar como personas, y además transmitir a nuestros hijos, es el desarrollo de las competencias emocionales.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces; ya no tenemos que preocuparnos por el cólera o la viruela, y nuestra supervivencia física, en general (o más bien dependiendo de la parte del planeta en la que te haya tocado nacer), ya no se ve tan amenazada. Sin embargo, nuestra supervivencia emocional tiene que lidiar con una sociedad convulsa y, en muchos casos, deshumanizada, que nos enfrenta tanto a nosotros como a nuestros hijos a grandes y diversos retos que, por momentos, son difíciles de gestionar.

Así que hoy vamos a hablar de las competencias emocionales básicas, o el kit de supervivencia, cuya adquisición y dominio nos ayudarán a adaptarnos a este contexto social de incertidumbre y a enfrentar los desafíos que la vida nos pueda presentar.

¿Qué son las Competencias Emocionales?

En la actualidad, y afortunadamente, cada vez se habla más de Inteligencia Emocional. Pues bien, tanto la inteligencia emocional de Goleman como las competencias emocionales de Bisquerra, están estrechamente relacionadas.

La inteligencia emocional, se refiere a la capacidad de percibir, entender y manejar nuestras propias emociones y las de los demás de manera efectiva. Por otro lado, las competencias emocionales, como propone Bisquerra, son las habilidades específicas que nos permiten ejercer esta inteligencia emocional en diferentes situaciones y contextos. Vendrían a ser el conjunto de habilidades que permiten a las personas reconocer, comprender y regular sus propias emociones, así como las emociones de los demás de manera más efectiva.

Estas competencias, que incluyen la capacidad de establecer relaciones sociales saludables y de afrontar situaciones emocionales de manera adaptativa, son fundamentales para el bienestar emocional de los peques y desempeñan un papel crucial en su desarrollo integral, contribuyendo al éxito académico, social y personal a lo largo de su vida.

¿Cuáles son las Competencias Emocionales?

Estas competencias se consideran esenciales para afrontar los desafíos de la vida, resolver conflictos, establecer relaciones saludables y alcanzar el bienestar personal y social. Además, son como músculos que podemos entrenar, ya que se considera que se pueden aprender y desarrollar a lo largo de la vida

Bisquerra propone un modelo de competencias emocionales que incluye habilidades como:

  1. Conciencia emocional: Es la capacidad que tenemos para reconocer, entender, expresar y regular nuestras emociones, así como para comprender las emociones de los demás, percibir el clima emocional en un contexto y utilizar esta información de manera efectiva en la toma de decisiones y en la resolución de problemas. Esta conciencia es fundamental para el desarrollo de la inteligencia emocional y para el desarrollo de las demás competencias emocionales. Es nuestra antena para captar las señales.
  2. Regulación emocional: Es la habilidad o capacidad de gestionar y controlar nuestras emociones para utilizarlas de manera adecuada en función de las demandas del entorno. Esta habilidad es esencial para nuestro bienestar ya que nos permite adaptarnos a los cambios o afrontar situaciones estresantes. Si la conciencia emocional es la antena que capta las señales, la regulación emocional es el procesador que interpreta esas señales y ajusta la respuesta emocional en consecuencia. 
  3. Autonomía emocional: Es la capacidad de las personas para tomar decisiones emocionales de manera autónoma y responsable, es decir, sin dejarse llevar por las emociones y sin depender de la opinión de los demás. Es como ser el capitán de tu propio barco, ya que te permite tomar decisiones basadas en tus propios sentimientos y valores, en lugar de dejarte llevar por lo que otros piensan o sienten. Esta habilidad es fundamental para navegar por la vida con confianza.
  4. Competencia social: Es la capacidad para mantener buenas relaciones con otras personas, que nos permite interactuar de manera efectiva y positiva con los demás, construyendo relaciones saludables y productivas. Esto implica dominar las habilidades sociales básicas, como la capacidad de interactuar con los demás de manera efectiva, mostrando empatía, respeto o tolerancia.
  5. Habilidad para la vida y el bienestar: Se refiere a la capacidad de una persona para afrontar con éxito las demandas y desafíos de la vida diaria, así como para mantener un estado de bienestar emocional y mental. Es como una caja de herramientas con habilidades emocionales y sociales que permiten afrontar situaciones diversas de manera adaptativa, gestionar el estrés, establecer relaciones saludables, tomar decisiones adecuadas y mantener una actitud positiva ante la vida. Incluye todas las habilidades anteriores, además de la resolución de problemas, la toma de decisiones, el pensamiento crítico o la creatividad, la comunicación efectiva, la cooperación y la capacidad de adaptarse o fluir.

Competencias Emocionales

Estrategias para desarrollar las Competencias Emocionales

Como hemos visto, estas competencias se pueden trabajar y seguir desarrollando a lo largo de toda nuestra vida. Por lo tanto, también podemos guiar a nuestros hijos para que las desarrollen desde pequeños. Lo ideal es aprovechar la ocasión y, dado que deseamos transmitirles algo, realizar cambios en nosotros mismos simultáneamente. Siempre digo que mientras estemos vivos, tenemos la oportunidad de hacerlo. Así que te voy a proponer algunas ideas para que podáis ponerlas en práctica:

  • Identificación de emociones: Consiste en observar tus reacciones emocionales y ayudar a tus peques a identificar y nombrar las suyas. Podéis hacerlo reflexionando juntos: ¿Cómo me hace sentir esta situación? ¿Por qué experimento esta emoción en particular?  También puedes ayudar a los peques a reconocer sus emociones, utilizando frases como: “Veo que te sientes frustrado porque no consigues terminar ese puzzle” o haciendo preguntas tipo «¿Qué sientes en tu cuerpo ahora mismo?», «¿Qué crees que ha sucedido para que te sientas así?», “Eso que sientes se llama frustración”.
  • Diario de emociones: Escribir en un diario siempre  es una buena opción, puedes registrar cómo te sientes a lo largo del día y qué situaciones o eventos desencadenan tus reacciones. Esto puede ayudarte a tomar conciencia de tus emociones y de los patrones que las desencadenan. Y, por supuesto, puedes invitar a los peques a hacer lo mismo. A veces, ver las cosas sobre el papel nos puede aportar mucha claridad y entendimiento, así como una sensación de liberación.
  • Mindfulness: Practicar la atención plena implica prestar atención consciente al momento presente, sin juzgar.  Esto facilita mucho el ejercicio de reconocer tus emociones y de observarlas sin reaccionar automáticamente a ellas. De hecho, el mindfulness tiene inmensos beneficios para ti pero también para los peques.
  • Juegos de emociones: Estas actividades son una manera divertida y dinámica de trabajar la conciencia emocional. Podéis jugar a adivinar qué emoción está experimentando alguien basándose en su postura corporal o expresión facial, o inventar historias que reflejen diferentes estados emocionales. Lo podéis probar en la calle, en el parque, el metro…
  • Role-playing: Consiste en recrear situaciones en las que tenéis que actuar como si fuerais otras personas y estuvierais experimentando diferentes emociones. Por ejemplo, podéis recrear una situación en la que alguien esté enfadado y pedir al otro que trate de calmarlo utilizando diferentes enfoques y estrategias.
  • Técnicas de relajación: Incluye técnicas como la respiración profunda, la relajación muscular progresiva, la coherencia cardiaca o la visualización. Son muy eficaces y os ayudarán a reducir la ansiedad y la tensión muscular. Además, hoy en día existen una gran variedad de técnicas y juegos de respiración diseñados especialmente para niños.
  • Reestructuración cognitiva: Es una técnica que consiste en cambiar la manera en que pensáis acerca de una situación o de una emoción. Lo primero es identificar y cuestionar esos pensamientos negativos o irracionales y reemplazarlos por pensamientos más constructivos y positivos. Por ejemplo: Cambia el “Soy un desastre” por «Estoy aprendiendo y mejorando cada día».
  • Afrontamiento activo: Implica tomar medidas concretas para abordar o gestionar una situación estresante, un problema o una emoción negativa. Se trata de acciones directas que podéis emprender en lugar de simplemente aceptar pasivamente la situación, es decir, adoptar una actitud proactiva. La clave es buscar soluciones concretas. Por ejemplo: LLegas tarde a una reunión y estás en un atasco, en  lugar de entrar en pánico, actúas llamando a la persona con la que tenías la reunión para informarle de la situación y proponer alternativas, como reprogramar la reunión para más tarde o realizarla de forma virtual. 
  • Autoconocimiento: Conocerse a uno mismo es fundamental para la autonomía emocional pero también para cualquier proceso de crecimiento personal. Podéis trabajar en esta habilidad a través de actividades que os ayuden a identificar vuestras fortalezas, debilidades, valores y metas. También podéis utilizar ejercicios de reflexión y autoevaluación.
  • Autoaceptación: Implica aceptar y valorar las propias emociones, sin juzgarse a uno mismo de manera negativa. Podéis utilizar actividades que fomenten la autoaceptación, como la visualización de situaciones en las que hayáis manejado bien una emoción difícil o os hayáis superado a vosotros mismos. También podéis dar prioridad al autocuidado.
  • Autonomía en la regulación emocional: Implica la capacidad de regular las propias emociones sin depender exclusivamente de la ayuda de los demás. Podéis utilizar estrategias como la práctica de la tolerancia a la frustración, que consiste en exponerse de forma gradual a situaciones estresantes o utilizar técnicas de relajación y reestructuración cognitiva.
  • Empatía: Cultivar la empatía implica comprender y sentir las emociones de los demás. Podéis fortalecer esta habilidad participando en actividades como role-playing, donde os ponéis en el lugar de otra persona para comprender sus emociones, o mediante la lectura y discusión de historias que presenten situaciones emocionales diversas. Además, podéis realizar ejercicios de reflexión para profundizar en vuestra capacidad de conectar emocionalmente con los demás.
  • Habilidades de comunicación: Podéis emplear actividades que promuevan el desarrollo de habilidades como escuchar activamente, expresarse de manera clara y ser asertivos. Además, podéis trabajar la comunicación empática y en habilidades de comunicación no verbal, como mantener contacto visual, adoptar una postura adecuada y usar gestos apropiados.
  • Toma de decisiones: La habilidad de tomar decisiones lógicas es esencial para vuestro bienestar personal. Para fortalecer esta habilidad, os recomiendo participar en actividades que estimulen el pensamiento crítico, como debatir situaciones hipotéticas y analizar las posibles consecuencias. De esta manera, también aprenderéis a buscar soluciones creativas y afrontar los desafíos con mayor confianza.
Competencias Emocionales

Somos Evolución 

Todos queremos lo mejor para nuestros peques, y a veces olvidamos que ellos también desean lo mejor para nosotros. Sin embargo, nadie nos otorgará ese deseo como si frotáramos la lámpara del genio. La realidad es que la mayoría de las cosas que suceden en nuestra vida dependen de nosotros.

¿Cuántas veces has imaginado cómo sería tu vida si hubieras aprendido ciertas cosas más joven? Esa típica reflexión de «si lo hubiera sabido antes…». Por eso, además de trabajar en nosotros mismos, debemos y podemos enseñar estas “habilidades de vida” a nuestros hijos.

Nuestra generación tiene muchas carencias, sobre todo emocionales, pero el profundo amor incondicional que sentimos por nuestros hijos nos impulsa a desear hacer las cosas de otra manera. Miramos al exterior y, a veces, parece que el mundo se ha vuelto loco y se desmorona. Entonces, lo único que deseamos es poder guiar y acompañar a nuestros peques para que sean lo más felices y plenos posible, y para que aprendan a vivir, no solo a sobrevivir.

Mejor si lo hacen antes que nosotros, ¿no crees? Eso es  la Evolución.

Pues bien, podemos hacerlo. Cada día nos levantamos con una nueva oportunidad de hacer las cosas de forma diferente al día anterior, de cambiar todas aquellas cosas que no nos aportan o que nos restan para evolucionar, para transformarnos, para ser nosotros mismos más felices y plenos, y enseñar a nuestros peques a hacer lo mismo, porque como dice el Chojin,  se trata de “no esperar la vida ideal e ir a por ella”. (temazo, por cierto).

Nos faltan destrezas, pero estamos a tiempo de desarrollarlas. Lo más gracioso es que al final del camino nos damos cuenta de que las competencias emocionales no son solo herramientas para sobreVIVIR en un mundo caótico y cambiante, sino la esencia misma de lo que significa ser humano, no autómatas. Nos enseña que la verdadera fortaleza no reside en nuestra capacidad de controlar el mundo exterior, sino en nuestra capacidad de aceptar y abrazar nuestro mundo interior.

Así que trabajemos en nosotros, por nosotros mismos, pero también por ellos.

Comencé esta entrada mencionando a Darwin, pero quiero terminarla con una cita de Malala Yousafzai: «Ser humano es vivir en un mundo lleno de retos y adversidades, pero también de oportunidades y esperanza.»

Si crees que este contenido puede ayudar a alguien más, no olvides compartirlo. GRACIAS.

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Rebeca Cid
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