Recuerdo a mi madre decir una y otra vez: «Por un oído te entra y por otro te sale». Echando la vista atrás, este tipo de expresiones siempre me hacían pensar que el problema estaba en mí, que yo no sabía escuchar. Pero… ¿y si también fallaba la forma en que mi madre se comunicaba conmigo? Hablar con los niños y niñas puede parecer muy fácil, pero tanto si eres mamá, papá o educador, te habrás dado cuenta de que son muchos los factores que influyen en la manera en la que nos comunicamos, y aunque no siempre seamos conscientes, hay acciones que pueden mejorar la comunicación y otras que pueden dificultarla.
¿Por qué es importante mejorar la comunicación?
Generalmente me gusta poner el foco en que la comunicación está estrechamente relacionada con reconocer y responder a las necesidades del otro. Desde el momento en que nuestros peques llegan al mundo, mucho antes de saber hablar, nos comunican a través del llanto lo que necesitan. No utilizan palabras, pero se comunican con nosotros para que podamos atender sus necesidades.
Responder a las necesidades del otro no implica necesariamente hacer lo que nos piden. Además, este canal comunicativo es bidireccional. Cuando los peques ya no son bebés, pueden expresar sus necesidades y nosotros también las nuestras. Ambas son importantes, y atenderlas con cariño, empatía y amor es la base para construir una comunicación sana dentro de nuestra familia.
De hecho, la forma en que nos comunicamos con ellos empieza a moldear su mundo interior y sus relaciones con los demás, influyendo en su desarrollo emocional, en la calidad de nuestro vínculo directo con ellos y en sus habilidades sociales.
- Desarrollo emocional: Hablar abiertamente y de forma constante con nuestros peques les ayuda a entender y expresar sus emociones de manera saludable. Para ello, debemos prestar atención y no caer en los clichés con los que hemos crecido, evitando juzgar o invalidar lo que sienten. La familia debe ser un espacio seguro para compartir sus sentimientos y preocupaciones; de esta manera, además de fortalecer su autoestima, también estaremos construyendo un canal de confianza con ellos. Por ejemplo, si tu peque llega a casa triste porque tuvo un mal día en la escuela, en lugar de decirle el clásico básico de los 80s y 90s «Venga, no pasa nada», podrías decir: «Veo que estás triste, ¿quieres contarme qué ha pasado?» Esto le muestra que sus sentimientos son válidos y que puede confiar en ti. Lo mismo cuando se caen, es mejor evitar el “ya pasó, eso no fue nada” y optar por el “cuéntame cómo es tu dolor, ¿va mejorando?”
- Vínculo familiar: Conversar con nuestros amores desde pequeños crea un vínculo indestructible, unas sólidas raíces sobre las que pueden apoyarse en momentos difíciles, especialmente durante la adolescencia. A veces pensamos que se trata únicamente de preguntarles a ellos, y es cierto que hacer preguntas abiertas funciona muy bien. Por ejemplo, puedes preguntar: «¿Qué fue lo mejor que te pasó hoy?», «¿Hay algo que te haya preocupado?» o incluso algo más creativo como «Si pudieras enviar a alguien en un cohete para que fuera a la luna y no verlo por un rato, ¿a quién sería?» Este tipo de preguntas nos puede dar pistas sobre cómo son sus días.
Pero también es sumamente importante contarles cómo ha sido nuestro día, qué nos pasa por la cabeza o qué sueños y metas tenemos. Crear un hábito de comunicación fortalece nuestra relación con ellos y les deja claro que siempre pueden contar con nosotros para hablar de lo que sienten porque somos su red de seguridad emocional. Por ejemplo, puedes compartir algo sencillo como: «Hoy en el trabajo tuve una reunión muy interesante y aprendí algo nuevo. ¿Quieres que te lo cuente?» Esto no solo muestra que valoramos su opinión, sino que también les enseña a valorar las experiencias de los demás y a construir una comunicación bidireccional.
- Habilidades sociales: Los peques que se comunican bien con sus padres tienden a desarrollar mejores habilidades sociales. La mayor parte de la educación se recibe en casa, y esto no es simplemente un dicho. La familia, como núcleo fundamental, es el lugar perfecto para que aprendan a escuchar, a expresar sus ideas y a resolver conflictos de manera efectiva.
Por ejemplo, al decidir qué película ver juntos, puedes enseñarles cómo negociar y llegar a un acuerdo: «¿Cuáles son las razones por las que te gustaría ver esa película o por qué crees que sería una buena opción para esta tarde? ¿Qué tal si hoy vemos tu película y mañana elegimos otra juntos?» Estas pequeñas interacciones diarias, que se pueden profundizar según la edad del peque, les enseñan a manejar las conversaciones y conflictos en sus relaciones dentro y fuera del hogar.
Estrategias para mejorar la comunicación
¿Cuántas veces has sentido que tu peque no te escucha? Es cierto que en ocasiones están tan absortos en su mundo que no nos pegan bola, pero la mayoría de las veces no es porque no quieran, sino porque tienen su atención centrada en otra cosa. Para mejorar esta situación, podemos aplicar algunos de los principios de la metodología Montessori. Estas estrategias son:
- Ponerse a su altura físicamente: Agacharse para establecer contacto visual directo les indica de forma no verbal a los peques que estamos implicados y tenemos la intención de entendernos con ellos, y que valoramos sus pensamientos y sentimientos. Este paso, que entraría dentro de la escucha activa y la disciplina positiva, fomenta el respeto mutuo y abre la puerta a una mejor comunicación. Cuando te pones a su altura, reduces la distancia física y emocional, creando un espacio seguro donde se sienten comprendidos y respetados. Este simple acto de bajar a su nivel puede transformar una situación conflictiva en una oportunidad para conectar, demostrando que estás presente y dispuesto a ayudar.
- Mostrar cómo en lugar de solo decirlo: Los niños aprenden observando y participando. Siempre nos están observando, incluso cuando creemos que no. No basta con dar instrucciones, es más efectivo mostrar con el ejemplo. Si quieres enseñarles a compartir, hazlo tú primero: comparte tu tiempo, tus cosas y tus sentimientos. Cuando surja un conflicto, demuéstrales cómo resolverlo hablando y llegando a acuerdos. Demostrarles cómo manejar situaciones, como compartir o resolver conflictos, les enseñan habilidades que pueden replicar en su vida diaria, y les ayudan a entender la importancia de la empatía y la cooperación.
- Usar un lenguaje adaptado y respetuoso: Comunicarse de manera clara y sencilla, pero sin subestimar su capacidad de comprensión, les ayuda a expresarse mejor. Es esencial hablarles como individuos que entienden y merecen ser escuchados. Esto significa hablarles con respeto y consideración, reconociendo que son individuos capaces de entender y participar en la conversación. Evita usar diminutivos o simplificaciones excesivas que puedan resultar condescendientes.
- Involucrarlos en las tareas diarias: Participar en las actividades familiares cotidianas les brinda experiencias prácticas para aprender a colaborar, negociar y resolver problemas. No se trata solo de darles tareas para mantenerlos ocupados, sino de hacerles sentir que son una parte importante del funcionamiento del hogar. Por ejemplo, puedes pedirles que te ayuden a preparar la cena, doblar la ropa o regar las plantas. Durante estas actividades, aprovecha para hablar con ellos sobre su día, sus pensamientos y sentimientos. Además, estas interacciones diarias proporcionan múltiples oportunidades para practicar la comunicación.
Quien siembra, recoge
Mantener una comunicación abierta y efectiva con nuestros hijos e hijas desde peques es una inversión a largo plazo que dará frutos durante toda su vida, especialmente en la adolescencia. A menudo, escucho a familias quejándose de que sus adolescentes son seres «imposibles» con los que no se puede hablar.
Es cierto que la adolescencia es una etapa complicada de gestionar, llena de cambios no solo físicos sino también emocionales y sociales. Pero te puedo asegurar que si no hemos sembrado las semillas de esas raíces fuertes de las que te hablaba, estaremos más perdidos que los personajes de la serie «Lost» cuando llegue este momento.
El vínculo y la comunicación con nuestros peques se desarrollan desde el momento en que nacen, construyendo día a día un apego seguro y una confianza mutua a lo largo de los años. Esto no significa que no enfrentaremos quebraderos de cabeza durante la adolescencia, pero puede ayudarnos a amortiguar el camino.
La clave está en ser consistentes y mostrar un interés verdadero por sus vidas y emociones desde pequeños, involucrándolos también en nuestras propias experiencias. Recuerda, la comunicación es bidireccional: si no compartimos nuestro mundo con ellos, no podemos esperar que ellos compartan el suyo con nosotros.
Te aseguro que agradecerás que te cuenten sus ideas, aventuras y emociones cuando ya no estén tan cerca de ti las 24 horas del día. Así que siembra, tú siembra, que tarde o temprano podrás recoger esos frutos.
Para profundizar…
- “El arte de hablar con niños” de Rebecca Rolland
- “Con mis palabras: como resolver conflictos con enfoque montessori” un cuento de Cristina Tebar Montes
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