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Cuando nos convertimos en madres/padres, especialmente por primera vez, nuestra vida cambia de forma radical. De repente, aparece en nuestra vida una personita a la que amamos por encima de todo, y nos preocupa constantemente su bienestar. Sin embargo, esa preocupación puede hacernos perder el equilibrio y llevarnos a cometer un grave error: la sobreprotección.

La sobreprotección, aunque surge del amor más profundo, puede tener consecuencias negativas en el desarrollo emocional y social de nuestros hijos. Es un tema complejo que a menudo pasa desapercibido, de hecho, tendemos a confundir protección con sobreprotección. Es muy habitual escuchar: “Todo lo que hago, lo hago por su bien” Y yo te pregunto: ¿Seguro?

¿Qué es la Sobreprotección?

Nuestros hijos tienen derecho a ser protegidos, y como sus cuidadores, tenemos la obligación y responsabilidad de satisfacer sus necesidades básicas (no deseos) y salvaguardar su integridad física y emocional. Somos los facilitadores de su desarrollo, pero cuando sobreprotegemos, limitamos ese proceso.

En pocas palabras, la sobreprotección ocurre cuando intentamos proteger al niño de situaciones para las cuales no necesita protección. Puede sonar muy sencillo, lógico y coherente, ¿verdad? Si no lo necesita, ¿para qué intervenir?

Sin embargo, es posible que todos caigamos en la sobreprotección en algún momento. Somos humanos y gran parte de nuestro día lo vivimos en piloto automático, permitiendo que respuestas involuntarias o inconscientes guíen nuestras acciones. El problema surge cuando esta protección excesiva se convierte en una tendencia o estilo de crianza habitual. Cuando, de manera generalizada, nuestros miedos superan la lógica aplastante que acabo de señalar, generando consecuencias negativas en el desarrollo psicoemocional de los niños.

Conductas Sobreprotectoras

Quizás te estés preguntando si estás siendo una madre o un padre sobreprotector. Por eso, aquí te presento cinco conductas o comportamientos que podrían indicar que sí. Tómate un momento para reflexionar al respecto:

  1. Evitar que el niño experimente fracasos o dificultades: Esto ocurre cuando anticipamos todo para evitarle obstáculos, cedemos a sus demandas y exigencias de manera inmediata, o proporcionamos la solución a posibles problemas sin darles espacio para pensar por sí mismos. Por ejemplo, permitir que siempre gane en los juegos para evitar que llore.
  2. Tomar decisiones por el niño: Esto puede incluir elegir sus actividades extraescolares, decidir con quién puede o no jugar, o determinar qué ropa debe usar. Por ejemplo, inscribirlo en clases de música sin consultar sus preferencias.
  3. No permitir que el niño tome riesgos: Esto podría implicar no dejarlo explorar su entorno de manera independiente, jugar solo o probar nuevas actividades que suponen un desafío.  Por ejemplo, insistir en acompañarlo a cada actividad que puede realizar por sí  mismo (siempre según su edad por supuesto) como ir a comprar el pan o realizar algún recado, ofreciéndole la oportunidad de experimentar su independencia o quizás, impedir que suba a un juego del parque más alto cuando el peque quiere intentarlo y se siente seguro con ello.
  4. Sobreexponer al niño a la protección física: Esto implica estar constantemente alerta por si se hace daño y no confiar en sus capacidades según su edad, transmitiéndole miedo. Por ejemplo, estar corriendo hacia el niño ante el más mínimo riesgo mientras juega en el parque o no permitirle realizar cosas sencillas como ducharse o cortar el pan.
  5. Controlar excesivamente las interacciones sociales del niño: Intervenir en sus relaciones con otros niños de forma sistemática. Por ejemplo, intervenir rápidamente en cualquier disputa con otros niños para evitar que se sienta incómodo o desafiado en lugar de permitir que el niño aprenda a manejar la situación por sí mismo.

Sobreprotección

Consecuencias de la Sobreprotección

Lamentablemente, las consecuencias de crecer bajo ese yugo de sobreprotección son muchas. Hoy en día, ya podemos encontrar diversos estudios al respecto, como este. Sin embargo, realmente no sería necesario consultarlos siquiera; basta con aplicar un poco el sentido común y la lógica para entender que si hemos estado repitiendo a nuestros hijos durante años que el mundo es muy peligroso y que es mejor evitar la mayoría de las cosas o dejar que otros las hagan por ellos, no debería sorprendernos que se conviertan en adultos temerosos y con trastornos de ansiedad ante cualquier desafío o dificultad.

Estas son algunas de las consecuencias que podemos esperar de este exceso de protección:

  • Dependencia excesiva: Cuando los niños están constantemente “protegidos” a la hora de enfrentar desafíos o dificultades, pueden volverse dependientes de otros para que resuelvan sus problemas o tomen decisiones por ellos. Además, necesitarán constantemente validación externa o aprobación. Esta conducta se manifestará también cuando sean adultos y en todas las áreas de su vida, desde las relaciones interpersonales hasta las laborales.
  • Baja autoestima: La falta de confianza en sus propias habilidades puede afectar negativamente su percepción de sí mismos y su capacidad para enfrentar nuevas situaciones, socavando su autoestima. Es fácil de entender: si ni siquiera mis propios padres confían en que puedo hacer las cosas, debo ser muy incompetente. Es común que comiencen a verse a como personas inútiles, incapaces de hacer nada por sí mismos.
  • Falta de habilidades para afrontar la adversidad: Al no enfrentarse a adversidades o fracasos, los niños sobreprotegidos pueden carecer de habilidades para afrontar la adversidad y manejar el estrés, pues les hemos impedido desarrollar una buena tolerancia a la frustración, lo que afecta principalmente su resiliencia emocional.
  • Limitaciones en el desarrollo social: Al intervenir constantemente en sus interacciones sociales, los niños pueden tener dificultades para establecer relaciones saludables con otros niños y también para desarrollar habilidades de comunicación o de resolución de conflictos.
  • Falta de autonomía y habilidades de toma de decisiones: Al crecer bajo esa excesiva protección, estaremos limitando su capacidad de aprendizaje pues impedimos o eliminamos las oportunidades que la vida les ofrece para desarrollar su autonomía. Los seres humanos aprendemos a través de la experiencia directa y del ensayo y error. ¿Cómo van a aprender si no les permitimos experimentar?

Causas de la Sobreprotección

Entonces, si queremos lo mejor para nuestros hijos y la sobreprotección puede resultar tan perjudicial, ¿por qué les sobreprotegemos?

Pues bien, no hay una única razón; de hecho, generalmente se debe a una suma de distintos factores. Sin embargo, puedo asegurarte que la única forma de corregir esto es mediante un importante ejercicio de autoconocimiento y autoobservación. Si no estás dispuesto a mirar la verdad que hay detrás de tus actos, es imposible que puedas realizar ningún cambio.

A continuación, te presento algunas posibles causas que podrían estar detrás de la sobreprotección, pero recuerda que solo tú puedes explorar conscientemente lo que te impulsa tus acciones:

  1. Miedos y preocupaciones de los padres: El temor a que nuestros peques sufran, fracasen o se enfrenten a situaciones difíciles puede llevarnos de forma inconsciente a la sobreprotección. Es esencial reconocer que estos miedos son nuestros y no de nuestros hijos. Por ejemplo, intervenir excesivamente en sus tareas escolares, proporcionándoles respuestas en lugar de permitirles resolver los problemas por sí mismos.
  2. Experiencias pasadas de los padres: Los propios traumas, dificultades o carencias vividas en nuestra infancia pueden influir en cómo criamos a nuestros peques, llevándonos a sobreprotegerlos para compensar estas experiencias negativas. Por ejemplo, si hemos vivido situaciones de abandono o negligencia en nuestra infancia, es posible que tengamos un deseo inconsciente de proteger a nuestros hijos de experimentar lo mismo y acabemos agobiando a nuestros peques por pasarnos al otro extremo. O quizás podemos utilizar los mismos mecanismos que utilizaron con nosotros, un ejemplo muy común es utilizar el miedo para tener a nuestros peques bajo control: “no subas ahí, si te caes te harás mucho daño”, “es mejor que no vayas solo, podría pasarte algo malo”
  3. Expectativas sociales y culturales: En algunas culturas la sobreprotección puede ser vista como una muestra de amor y preocupación hacia los hijos. Debemos prestar mucha atención y tener especial cuidado de no utilizar el amor como excusa cuando limitamos a nuestros peques. El amor expande y libera. No aprisiona. Si es mi miedo el que está dirigiendo mis acciones no lo hago por ellos, lo hago por mí.
  4. Percepción del mundo como un lugar peligroso: Si tenemos la creencia extrema de que el mundo es un lugar peligroso, es probable que acabemos sobreprotegiendo. Es importante reconocer que si bien existen peligros en el mundo, no todo es una amenaza constante. Por ejemplo, yo puedo tener miedo a que te atropelle un coche, pero quizás tú sepas perfectamente cómo cruzar la calle solo. Si no te permito cruzar sin mí, estoy impidiendo que utilices tus capacidades al máximo. Tip a tener en cuenta: si este es tu caso, apaga la tele. La exposición excesiva a noticias alarmantes o violentas en los medios de comunicación puede aumentar esta percepción de peligro. 
  5. Falta de confianza en las capacidades del niño: Enlazando con lo anterior, no podemos creer que nuestros hijos solo puedan enfrentarse al mundo si nosotros lo hacemos todo por ellos. Un ejemplo de ello es  seguir vistiéndolos, duchándolos, peinándolos o dándoles de comer cuando pueden hacerlo por ellos mismos.  También contestar por el niño cuando otras personas se dirigen a él. Mostrar esta falta de confianza en sus habilidades y capacidades les transmite el mensaje de que dudamos de su capacidad. Confía en tus hijos; merecen ese respeto y la oportunidad de desarrollar su autonomía.
  6. Sentimiento de culpabilidad: Que levante la mano quién no haya sentido culpabilidad en algún momento de la crianza. Es normal experimentar de vez en cuando la sensación de no estar haciéndolo del todo bien y pensar que podríamos hacerlo mejor. Pero los padres sobreprotectores suelen experimentar un fuerte sentimiento de culpabilidad cuando no pueden o no ayudan a sus hijos a resolver sus problemas o dificultades. Se sienten responsables de todo lo que les ocurre, desde caídas en el parque hasta enfermedades comunes como pillar un resfriado.
Sobreprotección

Ahora que has leído este artículo, es posible que identifiques algunos de esos patrones de conducta sobreprotectora en la crianza de tus peques. De hecho, si te permites mirar más profundamente, es posible que incluso identifiques las causas de esos patrones.

Lo que espero de corazón es que hayas podido observar cómo este estilo de crianza, lejos de proteger a tus peques, los deja desprotegidos, sin las herramientas necesarias para desarrollarse de forma saludable en la vida.

Nuestros hijos no nos pertenecen; los traemos al mundo, pero no son nuestros. No están aquí para cumplir nuestros sueños ni parecerse a nosotros. Están aquí para ser ellos mismos. Sin más. Nuestro trabajo es acompañarlos para esto suceda.

Las personas que han crecido sobreprotegidas suelen ser dependientes, controladoras, inseguras, temerosas, con baja autoestima y escasa sensación de autoeficacia, y les cuesta tomar decisiones, además de tener poca tolerancia a la frustración.

Ahora te pregunto: ¿crees que estas son las características de una persona feliz?

Podemos cuidar y proteger a nuestros peques, por supuesto. Pero sin limitarlos. Recuerda lo que te decía al principio: si es algo que pueden hacer por sí mismos, no necesitan nuestra ayuda. Cada vez que tengas dudas de si estás sobreprotegiendo, hazte esa pregunta: ¿pueden hacerlo por sí mismos?

Si quieres reflexionar más sobre este tema, la periodista Eva Millet ha escrito un libro que puede resultarte interesante, se llama “Hiperpaternidad”, para que te hagas una idea de su trabajo te dejo este entrevista. (No Tienes porque estar de acuerdo en todo, simplemente puede abrir la mente a otras perspectivas.)

Recuerda: El amor hacia nuestros peques es inmenso e incondicional. Úsalo para construir, para trabajar en ti, en tus miedos, en tus heridas, en tu autoestima o en tu sensación de culpa. No lo utilices como una excusa para controlar a tus hijos. Sé que puede sonar duro, pero si les amamos es necesario plantearse si estamos cometiendo estos errores.

La buena noticia es que cada día tenemos la oportunidad de hacerlo diferente. Confía en tus peques, en sus habilidades y en su capacidad para enfrentar este mundo. Puede que te sorprendas.

“No prepares el camino para tus hijos, prepara a tus hijos para el camino”

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Rebeca Cid
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