Se dice que la vida es una montaña rusa, y detrás de ese dicho se esconde una gran verdad que solo responde ante una cosa: la aceptación. Sí, así es, la vida es un viaje lleno de subidas y bajadas, giros inesperados y momentos que desafían nuestras expectativas. En este camino lleno de imprevistos, hay una habilidad que se hace esencial, tanto para nosotros como para los más pequeños, es la tolerancia y manejo de la frustración.
Quizás ya hayas leído en mi blog otras ocasiones (porque tiendo a repetirlo hasta la saciedad) que es necesario preparar a nuestros hijos para el camino y no el camino para nuestros hijos. ¿Por qué digo esto? Porque uno de los principales motivos detrás de la baja tolerancia a la frustración en niños es la sobreprotección, tema que abordaremos más adelante.
La realidad es que, queramos o no, la vida sucede con toda su gama de colores, luces y sombras. Si a nosotros, como adultos, nos cuesta a veces aceptar las curvas inesperadas de la vida, ¿cómo enfrentan esto los niños y niñas, que apenas están comenzando a comprender el mundo que los rodea? ¿Podemos ayudarlos y acompañarlos para que desarrollen herramientas que les ayuden en este proceso?
Acompáñame en este artículo y lo descubriremos.
¿Qué es la frustración?
Hoy me voy a referir a la frustración en la infancia pero creo que es necesario destacar que muchos adultos tampoco son capaces de manejar la frustración con eficacia. Si tú también encuentras desafíos en este terreno, tal vez saques provecho en esta lectura para tu propio crecimiento personal.
La frustración, en su esencia, surge como una reacción natural ante la discrepancia entre nuestros deseos y la realidad. O, si lo vemos desde otra perspectiva, es la manera en que la vida nos recuerda que no siempre conseguiremos todo lo que queremos, en el momento exacto en que lo deseamos.
La frustración se manifiesta cuando hay un deseo, un sueño, una necesidad o un objetivo que, por más esfuerzo que pongamos, sea de una forma más o menos adecuada, no podremos alcanzar.
Para los peques, que se acaban de subir a la montaña rusa por primera vez, esta experiencia puede resultar abrumadora. Durante la infancia, las funciones cognitivas y ejecutivas aún no se han desarrollado por completo, por tanto los niños y niñas tienen poco control inhibitorio, la capacidad que nos permite controlar conscientemente nuestras conductas, respuestas o pensamientos automáticos cuando la situación lo requiere.
La mente de los niños y niñas opera en el «Lo quiero, y lo quiero ya». Esta falta de maduración explica las reacciones emocionales como llantos, rabias, enojos o incluso agresiones. Estas conductas no son negativas, sino simplemente reflejan una pérdida de equilibrio interno, provocada por la disonancia entre lo que desean y lo que pueden obtener.
Comprender cómo se manifiesta la frustración en el comportamiento de los peques es fundamental, ya que constituye un componente esencial en el proceso de crecimiento y desarrollo emocional de los niños. En su viaje hacia la autonomía y la autorregulación, la frustración es cómo ese profe que les cambia la vida y que les enseña lecciones tan importantes para su futuro como la paciencia, adaptabilidad y resiliencia.
Importancia de enseñar el manejo de la frustración a los niños y niñas
Si eres madre o padre creo que no hace falta que te explique lo difícil que puede resultar enseñar a los niños a tolerar la frustración pero, por compleja que pueda resultar esta tarea, es fundamental realizarla y, sobre todo, es nuestra responsabilidad. Debemos ser capaces de inculcar en los niños y adolescentes la idea de que no siempre obtendrán lo que desean, pero que esta realidad no debería generar sufrimiento. Es decir, que las emociones incómodas o desagradables que sienten cuando se les presenta la frustración no van a dominar su vida.
La baja tolerancia a la frustración, o la incapacidad para gestionarla, puede manifestarse de diversas maneras, desde conductas visibles como el llanto, la ira, el enfado, la tristeza o la agresión, hasta problemas de salud mental a lo largo de la vida como ansiedad o depresión.
Los niños que no aprenden a lidiar con este sentimiento pueden, además, enfrentar dificultades en su rendimiento académico, relaciones interpersonales y bienestar general, ya que esta frustración afecta profundamente a la construcción de la autoestima y la autoeficacia, influyendo en el sentido de valía personal.
Es común también que, si no han desarrollado tolerancia a la frustración, experimenten dificultades en aquellas actividades en las que es necesario realizar un esfuerzo y el logro no está asegurado, ya que estas tipo de tareas se convierten en una amenaza para su supervivencia emocional en lugar de representar un reto saludable. Por lo tanto, suelen centrarse más en aquellas actividades que les proporcionan refuerzos a corto plazo.
Trabajar la frustración desde la infancia es una inversión en su crecimiento emocional y social y les proporciona herramientas esenciales para expresar y comprender emociones, fortaleciendo su inteligencia emocional. Además, sienta las bases para el desarrollo de la resiliencia, que es la capacidad de sobreponerse a los desafíos y dificultades de la vida. Enseñar a los niños a ser flexibles y afrontar situaciones difíciles desde una posición de equilibrio los prepara para superar obstáculos con mayor facilidad a lo largo de la vida.
Errores comunes de los adultos a la hora de educar en la tolerancia a la frustración
Sobreprotección
Además de los procesos cognitivos y de maduración que he mencionado, una de las causas comunes de baja tolerancia a la frustración es la sobreprotección. De hecho, es muy habitual. Crecimos con tantas carencias afectivas por la generación en las que nos tocó ser niños que a menudo, en nuestro deseo de brindar amor incondicional y proteger a nuestros hijos del dolor y la decepción, caemos en el extremo opuesto y acabamos cediendo y concediendo la mayoría de las peticiones de nuestros hijos e hijas. Y esto es un ERROR, uno que merece ser resaltado en letras mayúsculas, subrayado, en rojo y negrita. De hecho, yo le pondría un luminoso incluso.
Entiendo que esta forma de actuar surge de un profundo amor y buenas intenciones, pero eso no quita que siga siendo un error en el cual, lejos de sumar herramientas para la vida de nuestros hijos, se las estamos restando. Los niños necesitan enfrentarse a las adversidades, a situaciones incómodas; ¿cómo aprenderían de lo contrario? Necesitan experimentar la frustración. Sí, es vital, graba esto en tu mente como las tablas de multiplicar: necesitan frustrarse.
Cuando permitimos que un niño experimente la frustración, le estamos brindando la oportunidad de crecer, de desarrollar herramientas indispensables para la vida. Yo suelo hacer esta comparativa: si no dejarías a un niño en una piscina sin enseñarle antes a nadar, tampoco deberías dejar a tu hijo en el mundo sin haberle enseñado cómo responder ante las situaciones que la vida le va a presentar. Porque cuando llegue a una de esas bajadas de la montaña rusa, no va a saber qué hacer, y eso sí que le podría causar un sufrimiento mucho mayor que no poder comerse un helado un sábado por la tarde porque ya ha comido un pastel.
Reflexiona sobre ello. Evitar situaciones frustrantes puede parecer una solución a corto plazo para evitar lágrimas o conductas intensas, pero a largo plazo puede limitar la capacidad de los niños para enfrentar y superar los desafíos.
Y si todavía tienes dudas, te dejo por aquí un fragmento de un video de la psicóloga María Jesús Ávala, que defiende que la frustración nos hace más humanos e inteligentes.
Falta de Referentes
Un aspecto crucial en el manejo de la frustración infantil es la presencia de referentes. Los niños aprenden principalmente a través del ejemplo, y si los adultos no modelamos un manejo saludable de la frustración, los peques pueden enfrentar dificultades para adquirir estas habilidades. Cuando nosotros mismos mostramos reacciones desproporcionadas ante situaciones que no salen como esperábamos o evitamos enfrentarnos a circunstancias frustrantes, los niños pueden imitar nuestras respuestas. Es esencial que los adultos demostremos un enfoque calmado y positivo ante la frustración, proporcionándoles un modelo a seguir para gestionar sus propias emociones.
Para lograrlo, sería interesante que hicieras tu propio ejercicio de autoconocimiento:¿Cómo manejas tú la frustración? ¿Qué emociones te despierta no conseguir lo que deseas? ¿Cómo te educaron a ti al respecto?
Expectativas poco realistas
Otro error común es albergar expectativas poco realistas sobre el comportamiento infantil. Cada niño es único y se desarrolla a su propio ritmo. Esperar que los niños siempre se comporten de manera «perfecta» sin experimentar frustración es irreal. Me he encontrado con familias que me pedían recetas mágicas porque decían que sus hijos e hijas no se comportaban (según ellos) de forma “normal”, que no actuaban como los demás niños. Así que cuidado, hay que poner el foco dónde realmente podemos encontrar soluciones y no responsabilizar a los niños de forma sistemática.
¿Cómo crees tú que debería comportarse un niño? ¿Tu visión es realista o responde a una expectativa personal? ¿Cómo actúas cuando tu hijo o hija se enfrenta a una situación frustrante? Reconocer y aceptar que los momentos de frustración son parte del crecimiento y desarrollo de los niños puede ayudar a las madres y padres a manejar estas situaciones con empatía y paciencia.
Aprendiendo Juntos: Estrategias para enseñar a los peques el manejo de la frustración
Me he extendido bastante porque quería que pudieras tener «chicha» para reflexionar sobre este tema. Pero ahora que lo hemos explorado a fondo, es el momento de prepararnos para la siguiente etapa, pero no te preocupes, no te voy a dejar en la cuerda floja. La teoría es importante, pero la práctica también.
En la próxima entrada, hablaremos sobre prácticas y consejos específicos para enseñar a los niños a enfrentar la frustración. Espero que estas sugerencias os ayuden a seguir creciendo juntos como familia.
Mi consejo es: Deja que tus hijos se frustren y ofréceles tu amor incondicional en forma de compañía empática, de escucha activa. Permíteles pasar por ese pico de frustración, poned juntos nombre a las emociones y reconoce con él o ella que esos sentimientos forman parte de la vida. Enséñale a ser flexible, a buscar opciones o alternativas y, si no las hay o no le sirven, déjale vivir y experimentar la frustración hasta que vuelva a la calma. De esa manera, cuando sea mayor, tendrá mucha experiencia. Y la experiencia es un grado. ¡Hasta la próxima entrada!
Si crees que este contenido puede ayudar a alguien más, no olvides compartirlo. GRACIAS.
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