En la actualidad, se habla mucho sobre conceptos como la disciplina positiva, la crianza respetuosa o consciente, el apego seguro y otros enfoques relacionados. Esto es algo positivo en sí mismo, aunque como suele ocurrir, algunas personas lo consideran una simple moda. Sin embargo, no están utilizando la palabra “moda” en su sentido positivo, sino más bien para insinuar que estos enfoques carecen de los beneficios que se les atribuyen y que, eventualmente, serán reemplazados por otras tendencias, tal como pasó con los pantalones de campana en su momento.
Por eso, en la entrada de hoy, quiero explorar en profundidad qué es la disciplina positiva y cómo puede marcar una diferencia significativa en la convivencia de tu familia. Quiero que puedas conocer más de cerca esta perspectiva y experimentarla por ti mismo, de manera que puedas decidir si estamos hablando simplemente de una tendencia pasajera o, por el contrario, de una herramienta poderosa para la crianza consciente y respetuosa de tus hijos.
¿Qué es la Disciplina Positiva?
La Disciplina Positiva es un enfoque educativo que se ha convertido en una poderosa herramienta para criar a nuestros hijos con amor y respeto. Es importante destacar que la Disciplina Positiva no es una ciencia formal, sino más bien una guía que se basa en principios sólidos y empíricos. Este enfoque tiene sus raíces en la psicología y la educación, y se apoya en la idea de que los niños tienen la capacidad de aprender y crecer de forma positiva a través de la interacción y la comunicación efectiva.
Sus orígenes se remontan a las investigaciones y teorías de los psicólogos Alfred Adler y Rudolf Dreikurs, quienes creían en un enfoque amable pero firme en la educación, además de la posibilidad de criar a los niños basándose en el respeto mutuo. Sin embargo, fue principalmente la educadora Jane Nelsen, en colaboración con Lynn Lott en los años 80, quien adaptó estos conocimientos y creó lo que hoy conocemos como Disciplina Positiva. Te recomiendo leer su libro “Cómo educar con firmeza y cariño”.
Otro gran referente nacional que tenemos en el campo de la disciplina positiva es Marisa Moya, de la que te voy a dejar un video muy interesante aquí.
Atrás han quedado los tiempos de estirar las manos para que te pegaran con la regla en el cole o el zapatillazo en el trasero cuando no hacías lo que se esperaba. O eso quiero pensar. En lugar de recurrir a métodos autoritarios o punitivos, la Disciplina Positiva se centra en el entendimiento profundo de las necesidades y emociones de los niños.
Se basa en la creencia de que los niños pueden desarrollar habilidades sociales, emocionales y cognitivas cuando se les brinda apoyo, límites claros y un ambiente seguro para explorar el mundo que les rodea.
La Disciplina Positiva no busca controlar a los niños, sino guiarlos desde la firmeza y el respeto para enseñarles a tomar decisiones conscientes. Su objetivo principal es ayudar a las familias a fomentar valores como la empatía, la responsabilidad y la resolución pacífica de conflictos con sus hijos.
Beneficios de la Disciplina Positiva
La Disciplina Positiva, como otras herramientas de desarrollo personal, puede transformar la dinámica familiar y beneficiar a tu familia de muchas maneras. Uno de los aspectos más destacados es que a través de la comunicación abierta, el respeto mutuo y la empatía, la Disciplina Positiva fomenta la construcción de vínculos afectivos sanos y duraderos, basados en el amor y no en el miedo.
Además, este enfoque promueve el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en los niños. Les enseña a comprender y expresar sus emociones de manera saludable, lo que les brinda herramientas para lidiar con el estrés y los desafíos emocionales de la vida. También fomenta la empatía y la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, lo que es esencial para la construcción de relaciones interpersonales satisfactorias que les harán sentirse plenos y queridos.
Una de las cosas que más me gusta de la Disciplina Positiva es que se apoya en principios como la firmeza y el respeto, así como en el fomento de la responsabilidad y la toma de decisiones conscientes en los niños, ayudándolos a empoderarse. Siempre es preferible que, en lugar de imponer reglas de manera autoritaria, se involucre a los niños en la identificación de soluciones y consecuencias, lo que les permite desarrollar un sentido de responsabilidad por sus acciones.
Por eso, si deseamos poner en práctica una crianza consciente, es fundamental comprender lo que la disciplina positiva puede aportarnos.
Esta perspectiva ofrece a las familias herramientas efectivas para abordar el comportamiento desafiante de manera respetuosa y constructiva. Aprender a comunicarse eficazmente con los niños, establecer límites claros y brindar apoyo emocional se convierte en un componente esencial de esta “gincana” que es la crianza.
¿Cómo implementar la Disciplina Positiva en la vida diaria de mi familia?
Bien, aquí viene el quid de la cuestión. La disciplina positiva suena genial, ¿verdad? Pero, ¿cómo diantres hago para ponerla en práctica? ¡No te preocupes, no necesitas un manual gigante ni un título en psicología!
Entiendo que no te salga automáticamente, y déjame decirte que es normal. Afortunados aquellos que crecieron escuchando palabras amables y comprensión en lugar de un simple ”¡Obedece!” Pero quiero animarte y apoyarte para que lo tomes con calma. Implementar esta forma de crianza en tu día a día es más sencillo de lo que parece. Piensa en ello como aprender a montar en bicicleta: al principio, puedes tambalear un poco, pero una vez que le coges el truco, ¡te preguntarás por qué no lo hiciste antes!
No te voy a engañar; la verdad es que ponerla en práctica requerirá grandes dosis de creatividad y, en muchas ocasiones, paciencia como para parar un camión. Incluso es posible que haya momentos en los que parezca que no funciona, como si los astros se hubieran alineado en tu contra ese día. Pero recuerda, ¡nunca es tarde si la dicha es buena!
Imagina esta situación típica: estás en el supermercado, y tu peque decide que es el momento perfecto para una rabieta épica porque no le compraste la caja de galletas con forma de dinosaurio. Aquí es donde entra en juego la disciplina positiva. En lugar de entrar en pánico o prometerle el mundo para que se calle, puedes utilizar estrategias como la empatía y la comunicación.
Puedes arrodillarte junto a tu hijo, mirar esa caja de galletas y decir con un tono dramático: “¡Oh, esas galletas de dinosaurio son realmente increíbles! Entiendo por qué las quieres”. Luego, puedes explicar por qué no pueden ser su cena y no las vas a comprar y ofrecerle una alternativa más saludable. A veces, incluso puedes hacer una pequeña broma, como decir: “Tienes razón, parece que los dinosaurios quieren ser devorados, ¡pero vamos a encontrar algo aún más delicioso para ti!”
La clave está en identificar de manera consciente el momento en el que vamos a reaccionar ante las acciones de nuestros hijos de una manera irrespetuosa. En esos momentos, sería ideal que te tomes un instante para reflexionar y decidir quién quieres ser y cómo deseas educarlos. A partir de ahí, toma el control de la situación y actúa de manera diferente.
No es fácil. La vida de los adultos suele estar dominada por el estrés del trabajo, la gestión del hogar y la crianza de los hijos. La carga mental nos supera. A veces, nos autoexigimos demasiado, y lo peor es que, cuando no podemos manejar la situación, recurrimos al grito o al castigo, o incluso respondemos de manera exagerada. Y después, nos culpabilizamos y nos sentimos realmente mal.
Es importante que asumamos nuestra responsabilidad, por supuesto, y también que enseñemos a nuestros hijos a asumir la suya a través del ejemplo. No lo haremos bien todos los días, y no pasa nada, pero estaremos haciéndolo mejor cada día, y eso es lo que cuenta.
En la próxima entrada, comparto contigo algunas técnicas de disciplina positiva que puedes ir introduciendo poco a poco en tu vida familiar. Hasta entonces, recuerda: creatividad, paciencia y mucho, mucho amor.
“El temor al castigo nunca ha logrado que alguien haga el bien”
Sophie Scholl
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